El futbol, en sus origenes, era una selva. No había leyes que posibilitaran la supresión de la violencia y los habilidosos eran perseguidos encarnizadamente hasta sucumbir en la inoperancia o en las lesiones. La cacería de Pelé durante la Copa Mundial de Inglaterra provocó, en el reglamento, un cambio sustantivo encaminado a privilegiar a quienes hacen de la pelota un cuento de hadas. Le dejaron al arbitro y su flexible albedrío la posibilidad de sucumbir. Maradona fue víctima, durante el Mundial de España 82 del italiano Gentile, un cuchillero que convirtió el arte de marcar sin ley en un pasmo de ceguera para los arbitros. Ignoro quien era el silbante de aquel juego, pero hoy deber sufrir la crueldad de un olvido justo y eterno. No faltaron los que, argumentando la suficiencia del marcador, hicieron de Gentile un héroe nacional. Sí, luego llegó Rossí y el concierto de aquella final perfecta contra los alemanes, e hizo que todos olvidaramos la afrenta del central, no sólo contra Diego sino contra Zico, otro mago. El futbol es de hombres, aunque muchos se han empecinado en convertirlo en un deporte de bestias. En este deporte que amo, no he visto una imagen más conmovedora que la de Juan Arango al borde, sí, de la muerte, luego de una artera entrada de Javi Navarro, aquel recio central del Sevilla, convertido en paladín de los andaluces por ese codazo. Ignoro si Navarro quiso lastimar al venezolano (quiero pensar que no, que todo fue producto de la inercia por una jugada de viril estampa, que un jugador que sueña la grandeza también desea que su semejante sueñe con ese mismo paraíso asequible), sí sé que Arango pudo haber muerto y que su muerte hubiera significado una pérdida grande para el futbol latinoamericano. Estoy convencido que si un jugador lesiona de por vida a otro, su castigo debe llevar ese mismo signo de los irreductible. Un jugador que tira a matar una vez, tira a matar dos y hasta tres veces. Lo que sigue es esa imagen que llevan el peso de lo dramático y que, ojalá, se repita cada vez menos en todas y cada una de las canchas del mundo.
lunes 9 de noviembre de 2009
El Método Meza
Pocos, muy pocos han sido los clubes capaces de presumir, en los últimos diez años, un futbol vigoroso, permeado por la vocación ofensiva de su estratega, pero también por las condiciones técnicas de sus elementos dentro del campo. Aquel memorable gol de Cardozo (en una jugada a cuatro bandas) contra el América que sirvió, además, como cierre de telón para una vergonzosa goleada de los Diablos Rojos de Toluca, fue producto de una maquinación orquestada a lo largo de la semana, como el ensamblaje orquestal que busca su punto de armonía en el ensayo colectivo. Enrique Meza, responsable de aquel equipo rojo que jugaba por nota, durante muchos años vivió a la sombra de Miguel Marín, el jugador más notable que ha resguardado los tres postes en el futbol nacional. Sin embargo, ya en el retiro se puso su traje y corbata y comenzó, no una carrera como técnico, sino una suerte de filosofía sin aspavientos, muy cercana a la sencillez o la pureza monacal. Con los Toros Neza organizó una banda de forajidos que se iban orondos al frente (descuidando muchas veces la retaguardia) para organizar un festín de pases y goles de fantasía. Con Cruz Azul tuvo un par de periodos intrascendentes (extranjeros sin peso, fastuosidad vanal y un pundonor chirle ha dominado la Maquina en sus años más recientes, descontando acaso un par de finales sacadas con las uñas). Ya con el Toluca Meza inaugura un época de esplendor futbolístico, cortada por su nombramiento como director técnico nacional.¿Porqué fracasó un técnico de eficiencia comprobada con un cuadro que, uno supone, representa la escencia del torneo; es decir, lo mejorcito de cada casa, convocados por él mismo? Entre otras cosas, es fácil suponer respuestas aludiendo a los hombres y sus respectivas funciones dentro de la cancha. Pensar, por ejemplo, que en la selección no se contaban con los respectivos equivalentes del Toluca, principalmente en su columna de extranjeros (El Tanque Morales, Cardozo, Fabián Estay, Darko Vukic, Manoel Ferreira o Sinha, entre otros, a lo largo de los campeonatos que el Ojitos obtuvo con los escarlatas) y en la poca aplicación a una metodología basada, ante todo, en la manutención de la pelota y en la rápida -y eficiente- circulación de la misma. Preocupado por el estudio y la práctica de tácticas vigentes en el futbol que practican sus equipos, Meza ha logrado establecer un estilo de juego que pugna por la presencia permanente de sus ofensores en el área rival. No siempre ha logrado esto. Con Pachuca logró contar con un trabuco que paulatinamente fue sacudiéndose la modorra de un mal arranque hasta lograr un futbol sobrio, vistoso, efectivo. Sin embargo, es raro ver que el mismo Meza conforme los cuadros. Acaso los redondea con incorporaciones necesarias, ya cubierto el ciclo de algún otro jugador en ciertas zonas del campo. Ha sido un relevista determinante y hombre cuya cabalidad no ha dejado un ápice de duda frente a los medios. Uno de sus momentos más dolorosos fue, también, una lección de dignidad para muchos entrenadores que firman el check out para salir por la puerta de atrás: cuando fue removido de su cargo como técnico nacional le dijo a los medios que no, que él había fracasado y que buscaran a alguien mejor que él, renunciando sin empecinarse y sin teatralizar un momento grave de su vida. Ahora, en su enésima etapa como técnico del equipo de sus amores, él puede firmar solito la boleta del crédito luego de ubicar a los azules en el tercer lugar general. Ha tenido que sufrir la ineficiencia de tres extranjeros mendaces como Zeballos, Hernández y Núñez; las lesiones de Vela, Cervantes, Andrade y la poca productividad de jóvenes como Lugo o Villaluz. Aún así, ha contado con alianzas determinantes (Riveros-Torrado, Jimmy Lozano-Tito Villa) y con el rescate de un jugador todo voluntad como Rogelio Chávez. Alguna vez, en una entrevista al Ojitos, este manifestaba que la raíz de su metodo era la conclusión de las jugadas siempre (aquí era enfático), mal o bien pero siempre. Esto, decía, evita que te agarren mal parado en un contragolpe. Es decir, de aquel Toros-Neza alegre, que irradiaba cinismo al frente pero descuidaba la retaguardia, y el Cruz Azul de hoy, Meza es un orquestador maduro, fortalecido por experiencias de todo tipo. Ojalá los jugadores de la maquina lo entiendan más para llevar a buen puerto un mecanismo que ya ha probado las mieles del título en otros clubes.
miércoles 4 de noviembre de 2009
El Corona

¿Que son los espacios? ¿No son acaso los territorios donde la convivencia encuentra un referente común? ¿No son como una suerte de fortalezas donde se intercambias signos, gestos, razgos de una misma formación sentimental, emblemas de un divertimento colectivo? En una de las escenas más conmovedoras de Cinema Paradiso, la cinta donde Tornatore rinde un homenaje al séptimo arte y a su infancia, un pueblo siciliano, ya resignado al auge de una modernidad avasalladora, se reúne frente al cine que los vio crecer y envejecer sólo para testimoniar su derrumbe. Sólo sobresale, entre el sonido cruento de las ruinas que conforman el lamento sordo de una comunidad avejentada, la voz ronca del vagabundo de la plazuela quien sigue manifestándose como el único propietario de la misma.
El año pasado todos fuimos testigos de una de las manifestaciones más entrañables en la historia del deporte de conjunto cuando el Yankees Stadium, una mole inexpugnable de poder no sólo beisbolero sino cultural en Norteamérica, cerró sus puertas para siempre. Y es que no se trata del simple escenario físico que sirvió de punto de confluencia para una afición sonora, sino del sitio que recorrió la legua en jugadas y leyendas que fueron sacralizándolo a la luz del llamado rey de los deportes. Es difícil medir la magnitud de un palacio como el Yankees (no hace mucho le preguntaba a mi padre sobre las acciones más célebres que se habían dado sobre la grama de dicho estadio y así, a vuela pluma, sólo me enumeró treinta). En el futbol, claro, se privilegia a los estadios cuya grandeza está signada por los sucesos de incontrovertible leyenda. Difícil suponer una historia del balompié sin una enumeración consciente de cosos como el Centenario, el Maracaná, el Azteca, el Monumental, la Bombonera, el San Siro, El Santiago Bernabeu, el Wembley, el Camp Nou, el Olímpico de Roma. Como un gran monstruo d efervor colectivo, el futbol dispersa su celebridad en diversos puertos donde escribe pedazos de historia.
Cuando Cruz Azul jugó contra Santos de Torreón aquella final sufrida de hace tres torneos, quien esto escribe estuvo a punto de animarse a emprendar los derroteros de la sierra en pos del triunfo celeste. Me habían platicado del Corona como un escenario pequeño, como un hervidero elocuente que le abre la llave por partes iguales a consignas de exaltación regional, mentadas de madre gratuitas y cánticos al pundonor futbolero de la tribu. No pude ir. El domingo me pesó, pues es inevitable procurar el recuerdo vívido de un espacio como el de Santos, a sabiendas del cierre definitivo de sus puertas sólo para ser demolido al día siguiente. Sí pude evocar algunos momentos de aquel Santos que, comandados por Ramón Ramírez, el Turco Apud, Héctor Adomaitis o Pedro Muñoz le brindaron un gran encuentro al Tecos de ensueño de Vucetich; también pienso en el Santos que venció al Necaxa de la mano de Jared Borgetti o el Santos de Vuoso y el grado de imbatibilidad que otorgaba la llamada Casa del dolor ajeno. Ahí, en ese estadio, nació Antonio Olvera, un excelente aunque frágil lateral derecho, ahora sumido en el anonimato que ofrecen lesiones e irregularidad por partes iguales.
Pienso también en la afición y lo que vio o lo que sintió al ver como con el estadio se caían pedazos de su propia vida.
miércoles 28 de octubre de 2009
La Mediocridad
En la prehistoria, sí, en aquella época en la que el futbol mexicano se distinguía por ostentar una apostura nacional, permeada por la incorporación de extranjeros jóvenes, en cuyos países ya habían gastado la onza de una calidad indiscutible, todos, absolutamente todos, éramos felices e inocentes. Compartíamos el alegre autoengaño de un futbol regular, donde equipos grandes como América o Cruz Azul invertían sin rubor para contratar jugadores de Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay, Chile o Perú. Fue así como fuimos diseñando un nicho de idolatría que aún hoy se mantiene inviolable. El futbol mexicano de aquellos años revestía pundonor, dinámica y anarquismo estratégico, individualidades a manos llenas. Sin embargo, no teníamos ese referente que nos golpeara con toda su ostensible realidad. Nos conformábamos con lo que la televisión o la radio nos brindaran desde un más allá que sonaba a epopeya imposible. No recuerdo mi primer partido de futbol ni como fue que me enamoré de Cruz Azul. Sí recuerdo que el tono de esa playera lo reconocí años después (en el Heraldo de México) pues mi padre se empeñaba en comprar semana tras semana el Esto, una publicación sepia que aún se debate entre la tradición de sus páginas y el empuje de los nuevos diarios deportivos. El invencible Cruz Azul de aquellos años practicaba un futbol no sólo efectivo sino espectacular. Habían ascendido con sangre, sudor y lágrimas para construir paulatinamente un historial de éxitos que poco a poco tiembla en el anecdotario de la memoria colectiva. El Atlético Español, los académicos del Atlas o los Leones Negros de la U de G presumían, pese a no haber conseguido ni la mitad de un título, la práctica de un futbol de portentosa armonía colectiva; un futbol ensayado de toques, posesión y poderosa letalidad en la vanguardia.
¿Qué fue lo que nos abrió los ojos?¿Qué sucesos magnificaron la evidente mediocridad de un futbol cuya personalidad estaba (en buena medida lo sigue estando) diseñada entre el pundonor nacionalista, el arribismo dirigencial, la ignorancia de los de pantalón largo, la dejadez de las fuerzas básicas y la presencia de extranjeros grises en su funcionamiento? ¿Cuántos de estos extranjeros han llegado con ese aire de los césares cuyos territorios les parecen pequeños, y quieren agregar nuestro mapa en sus lauros inmediatos? Uno, al menos un evento vino a modificar nuestra percepción: el viaje de Hugo Sánchez a España. Este simple hecho nos dio la posibilidad de ver al divo en un contexto extraño para quienes comenzamos a pensar en el futbol como un espectáculo intramuros. Otro suceso trascendental para la ampliación de nuestra perspectiva fue la incorporación de la tele de paga a la vida doméstica. Sí, cadenas como ESPN o Fox nos regalaron el paraíso nada artificioso de un futbol dinámico, plagado de individualidades y, en no pocas ocasiones, amparado en la táctica. Sin embargo, era distinguible ese futbol -europeo- del nuestro. Son tres lo equipos que nos formaron al margen de los mundiales, cuya resonancia documenta un proceso fatigoso pero no convencional: El Real Madrid de la Quinta del Buitre, el Milán de Sacchi y el Barcelona de Cruyff. Por eso, hoy en día no es gratuito hablar del Barcelona como la figura tutelar de un futbol cuya búsqueda es la ensoñación y el aletargamiento permanente de los rivales; su estilo de juego va a la par de la calidad técnica de sus hombre, simplemente porque ambas condiciones necesitan de sí.
La ominosa mediocridad de nuestro futbol cada día es más patente y, pienso, se agudizará aún más con los años, debido a las pocas posibilidades de sustraer de los extranjeros una joya que vivifique y anime la liga. Sólo la formación de jugadores de primer nivel pudiera animar una fiesta donde cada quien baila cuando quiere, y mal. Lo del fin de semana pasado fue una lágrima. En contraste, la televisión de paga exhibe la verbena del Barcelona, el pundonor del Liverpool y el Milán y hasta los derroteros de un clásico argentino que, como sea, huele a sangre.
¿Qué fue lo que nos abrió los ojos?¿Qué sucesos magnificaron la evidente mediocridad de un futbol cuya personalidad estaba (en buena medida lo sigue estando) diseñada entre el pundonor nacionalista, el arribismo dirigencial, la ignorancia de los de pantalón largo, la dejadez de las fuerzas básicas y la presencia de extranjeros grises en su funcionamiento? ¿Cuántos de estos extranjeros han llegado con ese aire de los césares cuyos territorios les parecen pequeños, y quieren agregar nuestro mapa en sus lauros inmediatos? Uno, al menos un evento vino a modificar nuestra percepción: el viaje de Hugo Sánchez a España. Este simple hecho nos dio la posibilidad de ver al divo en un contexto extraño para quienes comenzamos a pensar en el futbol como un espectáculo intramuros. Otro suceso trascendental para la ampliación de nuestra perspectiva fue la incorporación de la tele de paga a la vida doméstica. Sí, cadenas como ESPN o Fox nos regalaron el paraíso nada artificioso de un futbol dinámico, plagado de individualidades y, en no pocas ocasiones, amparado en la táctica. Sin embargo, era distinguible ese futbol -europeo- del nuestro. Son tres lo equipos que nos formaron al margen de los mundiales, cuya resonancia documenta un proceso fatigoso pero no convencional: El Real Madrid de la Quinta del Buitre, el Milán de Sacchi y el Barcelona de Cruyff. Por eso, hoy en día no es gratuito hablar del Barcelona como la figura tutelar de un futbol cuya búsqueda es la ensoñación y el aletargamiento permanente de los rivales; su estilo de juego va a la par de la calidad técnica de sus hombre, simplemente porque ambas condiciones necesitan de sí.
La ominosa mediocridad de nuestro futbol cada día es más patente y, pienso, se agudizará aún más con los años, debido a las pocas posibilidades de sustraer de los extranjeros una joya que vivifique y anime la liga. Sólo la formación de jugadores de primer nivel pudiera animar una fiesta donde cada quien baila cuando quiere, y mal. Lo del fin de semana pasado fue una lágrima. En contraste, la televisión de paga exhibe la verbena del Barcelona, el pundonor del Liverpool y el Milán y hasta los derroteros de un clásico argentino que, como sea, huele a sangre.
viernes 23 de octubre de 2009
El Real Madrid es un equipo de mercadillo y sin tendero

Por Ivar Matusevich
El Milán te vende a Kaká, no se refuerza, se arrastra por los campos de la Serie A, ve como un árbitro le anula un gol insólito y encima te saca los colores, te gana con autoridad y con la sensación de que apretó cuando quiso ante un Real Madrid sin conducción. Muchos lloran un penalti, pero que nadie olvide que el segundo tiempo fue un parcial de 1-4, con gol anulado a los rossoneri, incluido. Incontestable.
Porque el conjunto blanco es un resumen de arrogancia y ausencia de realismo: millonadas sin sentido a la imagen y semejanza del marketing impuesto por Florentino Pérez, ejecutado por Jorge Valdano y obedecido por Manuel Pellegrini, desde ayer, oficialmente, el segundo plato del poeta argentino.
Que el Real Madrid no sabe a qué juega, se supo desde el principio y ante el argumento de que aún es demasiado rápido para juzgar, me pregunto cuándo será el momento de aceptar la realidad de un equipo que no juega a nada, que defiende mal y que, además, no tiene espíritu de lucha, a excepción de Raúl, artífice del primer gol y mago milagroso en el segundo, cuando en el equipo nadie quería sacar un córner.
Pero ahí no termina todo: si Pellegrini debe recurrir a Drenthe-el gol es una casualidad- para dar vuelta un partido ante el Milan e, incluso, dejarlo lanzar una falta al borde del área con Xabi y Kakà atemorizados, pero en el campo, es que la plantilla del Real Madrid la hizo Joan Laporta.
Al cambio del chileno sólo le faltó dedicatoria: es para ti Valdano, por haberme vendido a Robben y a Sneijder. ¿Quieren el triplete? Con un trabajo mal hecho y sólo ocupando titulares a partir de refuerzos que aún no han dado nada, a excepción de Cristiano Ronaldo, el Madrid se arrastra por Europa y ante cualquier partido medianamente complicado: Juventus en la Peace Cup, Sevilla en Liga y Milan en Champions, tres derrotas y tres bocados de realidad. Si hablamos que Guardiola 'no resuelve' partidos cerrados, ¿qué queda para el chileno?
Mientras el Barcelona busca volver a su estilo ante un tropezón sin demasiada importancia porque lo avala su trayectoria, el Real Madrid, ¿¡aspirante!? a ganar todo, no sabe cómo ni tiene pinta de saberlo. No hacen falta más palabras porque ya lo he dicho más de una vez.
Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio.
miércoles 21 de octubre de 2009
Ideas para el TRI
Cuando Jorge Vergara llegó al futbol mexicano, lo hizo con esa estela de los nuevos empresarios que apuestan todo a la mercadotecnia. Dueño de una firma de multinivel, con la apostura de los que pugnan por una filosofía triunfalista, basada en el diseño de estrategias que procuran el fortalecimiento de sus finanzas, Vergara quería ampliar su campo de influencia a sectores hasta entonces no explorados. A su club, las Chivas de Guadalajara, un equipo cuya propiedad aún se mantiene en vilo en los tribunales, lo convirtió, primero, en un ideal para el mercado nacionalista que ve, en los rojiblancos, una suerte de bastión inexpugnable donde se pueden verter al antojo cualquier tipo de consignas de lesa mexicanidad . Después fue organizando alrededor de él una filosofía encaminada a privilegiar el éxito ante todo: desde el desdén al rival, el uso indiscriminado de una parafernalia mediática que incluye desplegados, declaraciones en la televsión con el aire autosuficiente de quien posee una verdad de piedra, un afán de extranjerizar sin un sistema previo la estructura de este futbol nuestro, tan pequeño, tan chato, tan gris. Gracias a Jorge Vergara tuvimos la posibilidad de tener entre nosotros a Mr. Sven Goran Ericsson, luego del fracaso ominoso de Sir. Hugo Sänchez.
El sueco, ya lo hemos dicho en muchas ocasiones, vino a pasear, a beber bien y a prolongar su leyenda de playboy infranqueable entre las morenas de México. Nada más. Hugo llegó a escribir un script donde él era el protagonista, el héroe de los superpoderes pero también el villano que quiere robar el rayo ultrasónico para conquistar el mundo (podría ser también la dama joven de la película y el extra que pasa fingiéndose irreconocible aunque lo delaten sus rulos del trópico). Vergara lo echó personalmente de la selección -cuenta la leyenda- y promovió la llegada del sueco. Con menos poder de convocatoria que en sus inicios, el empresario ha convertido a las Chivas en un prolongado montaje teatral donde se sigue buscando al actor protagónico. Aunque jugaban muy bien con Efraín Flores, al equipo le faltaron los tamaños para cerrar un ciclo prometedor. Ni Omar Arellano, ni Paco Ramírez tuvieron la suerte de conformar un cuadro competitivo, a pesar de contar con una de las canteras más prósperas del panorama nacional. Hoy en día las Chivas son un cuadro gris, efectivo, poquitero y puntilloso, gracias a la mano de un técnico cuyos ciclos son la promesa de una eternidad al frente: Raúl Arias.
Vergara no ha dejado, sin embargo, de involucrarse con las decisiones que configuran el paisaje de la Femexfut. De cuando en cuando gusta de sumirse en el ojo de los debates con una declaratoria arrojada, no pocas veces excesiva, apuntalada por el aire de poderío que da el ser el mandamás de un club como las Chivas.
La última de Vergara y su gabinetazo es una perla. Pretender que la Selección Nacional se incorpore al devenir del torneo de clausura 2010 como un club más. Es decir, conformar un equipo que se apegue al mísero sistema de competencia mexicano, con sus reglas específicas, con su calendarización caótica y sus estrategias mediáticas. Las respuestas no se han hecho esperar por parte de diversos sectores. Lo que para muchos puede parecer un experimento interesante, para otros -yo me incluyo- no es sino una estupidez más que demuestra que el futbol mexicano está conformado -en sus entrañas- por las incidencias domésticas de un grupo de administradores, ejecutivos, empresarios y dueños que no saben ni les interesa saber de futbol. El colocar a la Selección Mexicana como un club más supone varias cosas: 1) que Aguirre ya tiene su grupo conformado y que éste es inamovible; de lo contrario, los dueños de los clubes enfrentarían problemas administrativos para admitir periódicas sesiones de jugadores a este otro club llamado La Verde; 2) Que la Federación asuma los volúmenes salariales de estos jugadores (no sé si a Billy, por ejemplo, le convenga seguir pagando el salario de Torrado o Corona a sabiendas que no va a contar con ellos (dejando de lado ese romanticismo que suelen abanderar muchos con la frase: con la verde, hasta gratis); 3) El efecto que esta decisión pueda tener entre los aficionados de los clubes, por el peso específico que muchos de estos jugadores tienen en sus equipos (caso específico: Torrado en el Azul, Ochoa en América, Sabah en Morelia, Israel Castro y Efraín Juárez en Pumas); 4) Los torneos alternos que muchos clubes juegan y que sólo desestabilizan el calendario y desgastan el rendimiento.
A la par de esta estupidez se pueden decantar, sí, una serie de propuestas encaminadas a los mismo, sin las consecuencias que señalo. La posibilidad de aumentarle un equipo más la competencia, con el fin de que ese equipo que sobra jornada tras jornada juegue contra una Selección Mexicana que puede, ahora sí, estar rotando sus nombres. Que pueda organizarse una selección de extranjeros (como en España existe una selección Vasca y una selección Catalana, sin perder su identidad española) para que juegue con la verde y le dé continuidad y fuerza al sistema de Aguirre, por ejemplo.
El sueco, ya lo hemos dicho en muchas ocasiones, vino a pasear, a beber bien y a prolongar su leyenda de playboy infranqueable entre las morenas de México. Nada más. Hugo llegó a escribir un script donde él era el protagonista, el héroe de los superpoderes pero también el villano que quiere robar el rayo ultrasónico para conquistar el mundo (podría ser también la dama joven de la película y el extra que pasa fingiéndose irreconocible aunque lo delaten sus rulos del trópico). Vergara lo echó personalmente de la selección -cuenta la leyenda- y promovió la llegada del sueco. Con menos poder de convocatoria que en sus inicios, el empresario ha convertido a las Chivas en un prolongado montaje teatral donde se sigue buscando al actor protagónico. Aunque jugaban muy bien con Efraín Flores, al equipo le faltaron los tamaños para cerrar un ciclo prometedor. Ni Omar Arellano, ni Paco Ramírez tuvieron la suerte de conformar un cuadro competitivo, a pesar de contar con una de las canteras más prósperas del panorama nacional. Hoy en día las Chivas son un cuadro gris, efectivo, poquitero y puntilloso, gracias a la mano de un técnico cuyos ciclos son la promesa de una eternidad al frente: Raúl Arias.
Vergara no ha dejado, sin embargo, de involucrarse con las decisiones que configuran el paisaje de la Femexfut. De cuando en cuando gusta de sumirse en el ojo de los debates con una declaratoria arrojada, no pocas veces excesiva, apuntalada por el aire de poderío que da el ser el mandamás de un club como las Chivas.
La última de Vergara y su gabinetazo es una perla. Pretender que la Selección Nacional se incorpore al devenir del torneo de clausura 2010 como un club más. Es decir, conformar un equipo que se apegue al mísero sistema de competencia mexicano, con sus reglas específicas, con su calendarización caótica y sus estrategias mediáticas. Las respuestas no se han hecho esperar por parte de diversos sectores. Lo que para muchos puede parecer un experimento interesante, para otros -yo me incluyo- no es sino una estupidez más que demuestra que el futbol mexicano está conformado -en sus entrañas- por las incidencias domésticas de un grupo de administradores, ejecutivos, empresarios y dueños que no saben ni les interesa saber de futbol. El colocar a la Selección Mexicana como un club más supone varias cosas: 1) que Aguirre ya tiene su grupo conformado y que éste es inamovible; de lo contrario, los dueños de los clubes enfrentarían problemas administrativos para admitir periódicas sesiones de jugadores a este otro club llamado La Verde; 2) Que la Federación asuma los volúmenes salariales de estos jugadores (no sé si a Billy, por ejemplo, le convenga seguir pagando el salario de Torrado o Corona a sabiendas que no va a contar con ellos (dejando de lado ese romanticismo que suelen abanderar muchos con la frase: con la verde, hasta gratis); 3) El efecto que esta decisión pueda tener entre los aficionados de los clubes, por el peso específico que muchos de estos jugadores tienen en sus equipos (caso específico: Torrado en el Azul, Ochoa en América, Sabah en Morelia, Israel Castro y Efraín Juárez en Pumas); 4) Los torneos alternos que muchos clubes juegan y que sólo desestabilizan el calendario y desgastan el rendimiento.
A la par de esta estupidez se pueden decantar, sí, una serie de propuestas encaminadas a los mismo, sin las consecuencias que señalo. La posibilidad de aumentarle un equipo más la competencia, con el fin de que ese equipo que sobra jornada tras jornada juegue contra una Selección Mexicana que puede, ahora sí, estar rotando sus nombres. Que pueda organizarse una selección de extranjeros (como en España existe una selección Vasca y una selección Catalana, sin perder su identidad española) para que juegue con la verde y le dé continuidad y fuerza al sistema de Aguirre, por ejemplo.
viernes 16 de octubre de 2009
Elogio del pie
Muchas discusiones he tenido sobre el virtuosismo que entraña el futbol, un deporte que conjuga manifestaciones como la danza, la plástica y el teatro de sombras en 90 minutos irrepetibles. Sin embargo, existe otra condición insoslayable: la del dominio de un órgano que allá, en el sur nuestro de cada día, representa el punto más apartado de nuestros pensamientos. El pie. Ese molusco que nos permite avanzar, correr, atropellarnos, equilibrarnos con la vida diaria, dejar una huella en la tierra como el cuerpo deja su estela en la memoria, ocupa, a la hora de jugar futbol, las atenciones de un príncipe en pleno destierro. Dice Villoro que en un entrenamiento de Brasil durante un Mundial (creo que en Corea-Japón) Rivaldo y un compañero, aburridos, apostaron a tirar balonazos a los postes, ésto mediando una distancia prudente para ser meritoria. Con su estilo cansino, de pausas, de revoloteos de aparente intrascendencia, el Maestro Galindo nos regaló una carrera definida sobre todo por su toque privilegiado. Ponía la pelota donde sea.
Ignoro quien sea el protagonista de este video, que sólo quiere homenajear la trascendencia del pie como el más humilde de los emisarios dentro de una cancha. Es un homenaje también a ese futbol que subsiste en los entresuelos y esta lleno de héroes desconocidos. Justo como este muchacho.
Ignoro quien sea el protagonista de este video, que sólo quiere homenajear la trascendencia del pie como el más humilde de los emisarios dentro de una cancha. Es un homenaje también a ese futbol que subsiste en los entresuelos y esta lleno de héroes desconocidos. Justo como este muchacho.
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